Construcción industrializada para ciudades que crecen

Los beneficios de la industrialización como respuesta a las nuevas necesidades que demandan las ciudades al crecer a lo largo de su vida

¿Qué sería una ciudad sin las personas que la habitan? Una red de infraestructuras, públicas y privadas, vacías de propósito. Y es que, lo que hace una ciudad son los ciudadanos, y la arquitectura debe estar a su servicio. 

Bajo este paraguas de adaptabilidad, y según las necesidades del momento, queremos resguardar, lo que la innovación en técnicas constructivas nos ha traído de unos años a esta parte: la industrialización. Según apuntaba El Clúster de la Edificación a principios de verano, la demanda de la construcción industrializada, sobre todo en el segmento de la edificación unifamiliar, es cada vez mayor. Tanto es así que, en palabras del Clúster, “alcanzará el 40% del total de las casas construidas para 2030, pasando de las 850 unidades actuales a las 7.500 para el citado año”.

Pero, ¿cómo encaja la construcción industrializada en esa necesidad de adaptación? 

Como toda innovación, la industrialización nació como respuesta a uno de los problemas más representativos del sector: la fluctuación de los plazos de entrega de una edificación. La construcción tradicional, o como se ha construido desde siempre, se basa en levantar un edificio en el lugar donde éste va a estar ubicado. Desde preparar el terreno, trasladar las materias primas y el equipo humano, hasta el desfile de gremios, para ver cómo poco a poco, la obra muestra pequeños avances en su desarrollo. A lo que hay que sumar que, muchas veces, se ve paralizada por las inclemencias meteorológicas de cada zona, porque no permiten realizar los trabajos necesarios con total garantía y seguridad para los equipos materiales y, sobre todo, personales. 

Ante esta situación, los procesos industrializados han solucionado gran parte de estos imprevistos trasladando la fabricación de los elementos del edificio a la fábrica. De este modo, desde un entorno controlado (dónde todos los procesos están calculados y, además, se suceden de manera simultánea, a diferencia de lo que ocurre a pie de obra), se consigue cumplir con una serie de garantías que de otra forma no sería posible: una construcción rápida y ágil.  

¿Levantar los elementos estructurales del edificio mientras, al mismo tiempo, se fabrican las placas de la fachada? Gracias a la construcción industrializada es una realidad, más que habitual, para las empresas de prefabricados de hormigón que siguen esta técnica. 

Así, con la ayuda de la industrialización, también hemos podido ver cómo las empresas implantan políticas de gestión de personal mucho más respetuosas e inclusivas con todos los trabajadores, especialmente con los equipos de mujeres que, por la idiosincrasia de la construcción, se se encuentran con mayor frecuencia excluidas de este sector. 

Si a estos beneficios sumamos la reducción de plazos y la versatilidad que ofrecen las viviendas industrializadas con elementos prefabricados de hormigón, vemos cómo la industrialización es una magnifica respuesta a las necesidades cambiantes de una urbe. 

Afirmar que un edificio industrializado se levanta como si de un lego gigante se tratase, sería faltar a la verdad, puesto que es un proceso mucho más complejo, que implica grandes requisitos técnicos. Sin embargo, las posibilidades de ampliación y reutilización a partir de sistemas prefabricados de hormigón podrían encontrar en este símil su reflejo. 

Pongamos como ejemplo un proyecto de rehabilitación de un edificio, ubicado en el centro de una ciudad, que incluye la ampliación del mismo para aumentar la oferta residencial del municipio. Una solución, basada en la construcción a partir de elementos prefabricados de hormigón, sería la ampliación vertical. Expansión que consistiría en la construcción de varias alturas sobre la ya existente azotea del edificio, a la par que se mejora la eficiencia energética del inmueble.

Si, además, en el proyecto se optase por eliminar las barreras arquitectónicas del edificio -instalando ascensores-, añadir escaleras auxiliares y actualizar la fachada con elementos de hormigón con tecnología fotocatalítica (NoNOx) purificadora del aire, nos encontraríamos con un proyecto de triple impacto: rehabilitación energética, oferta residencial y disminución de las emisiones de CO2. Y todo ello gracias a los sistemas prefabricados de hormigón.

Desde VIVIALT, Asociación desde la que defendemos el uso de la construcción industrializada en edificios de altura, queremos afirmar con certeza que, tanto a día de hoy como en un futuro, son y serán muchas empresas y profesionales los que se decidan por esta técnica constructiva. Las ventajas de la industrialización, así como los beneficios de las prestaciones propias del hormigón, hacen que la construcción industrializada a partir de estos sistemas prefabricados sea una combinación ganadora. 

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